México: ¿Conoces el daño que hace el alcohol a tu cuerpo?

 

En la actualidad el consumo del alcohol se ha elevado en una cantidad considerable, y esto es principalmente por ser una de las drogas “legales” y de fácil obtención a nivel mundial, por lo que es importante conocer qué tan perjudicial es para nuestra salud el consumo de esta sustancia.

Esta comprobado que el alcohol en dosis elevadas puede crear cierta vulnerabilidad para contraer enfermedades como el cáncer (de boca, laringe, esófago, hígado, colon, páncreas, pulmón y pecho), además crea un daño hepático, desbalance hormonal, incrementa las reacciones alérgicas y reduce la habilidad de manejar y controlar el estrés. Se considera que el alcohol es una neurotoxina que puede envenenar nuestro cerebro.

Como habremos escuchado, el metabolismo del alcohol se da en diferentes órganos del cuerpo. Después de consumir una bebida alcohólica, esta comienza descomponiéndose en nuestro estómago y el intestino en un 10%, pasando después a otros órganos y a nuestro cerebro (10%) siendo esta la razón por la que se experimenta el “mareo” tan popular, dejando la parte restante (80%) para ser metabolizada por nuestro hígado.

El etanol en el hígado se transforma en aldehídos, y estos producen radicales libres (los cuales dañan las proteínas presentes en hígado). El exceso de citrato que se forma en el proceso, estimula la producción de FFAs (ácidos grasos libres), VLDL (lipoproteínas de muy baja densidad) y triglicéridos.

Los lípidos resultantes junto con el etanol, estimulan una cascada de inflamación y causan en sí una resistencia a la insulina, una inflamación en hígado y hasta cirrosis. La acumulación de grasa en hígado también puede provocar enfermedad de hígado graso. Cuando se consumen 120 calorías de etanol (30ml de alcohol fuerte), cerca de 40 calorías contribuyen con efectos metabólicos adversos.

Si analizamos más a fondo el proceso del metabolismo del alcohol en el hígado, podemos darnos cuenta que este es muy parecido al metabolismo de la fructosa, ya que ambos terminan por convertirse en grasa, lo que promueve, como mencionaba anteriormente, una resistencia a la insulina, dislipidemias y el famoso “hígado graso” o esteatosis hepática.

Para lograr entender un poco más lo mencionado anteriormente, se desglosará una explicación detallada sobre el metabolismo de la fructosa.

La fructosa que se consume va directamente al hígado, y su metabolismo crea un gran número de efectos adversos. Ésta se convierte en fructosa-1-fosfato (F1F), lo que ocasiona productos de desecho en forma de ácido úrico, y éste bloquea una enzima que forma óxido nítrico, él cual es el regulador natural de la presión arterial, por lo tanto como consecuencia, su presión arterial aumenta, provocando hipertensión, y los niveles elevados de ácido úrico pueden llegar a causar gota. Casi todos los F1F se convierten en piruvatos que terminan como citratos, lo que da como productos finales ácidos grasos libres (FFAs), lipoproteínas de muy baja densidad (VLDLs) y triglicéridos. El resultado de esto es la hiperlipidemia.

Los ácidos grasos libres son exportados de su hígado y son llevados al músculo esquelético, causando resistencia a la insulina. Algunos ácidos grasos libres también se quedan en hígado, lo que provoca la acumulación de grasa, resistencia a la insulina y enfermedad de hígado graso no alcohólica. Cuando consume 120 calorías de fructosa (3cdas de miel, 2manzanas grandes o 3 medianas, ½ taza de pasas, 2 peras), cerca de 40 calorías contribuyen con problemas metabólicos, la misma cantidad que el etanol.

Ambas sustancias, alcohol y fructosa, estimulan la vía hedónica, creando una habituación y una posible dependencia.

Según el Dr. Lustig, profesor de Pediatría en la División de Endocrinología de la Universidad de California, la fructosa es una “toxina crónica dependiente del hígado” y al igual que el alcohol, la fructosa se metaboliza directamente en grasa, no en energía celular, como la glucosa. Así que comer fructosa es como comer grasa, pues se almacena en células de grasa, lo que provoca un mal funcionamiento mitocondrial.

CONSUMO CRÓNICO

Etanol Fructosa
Dislipidemia Dislipidemia
Hipertensión arterial Hipertensión arterial
Cardiomiopatía Infarto al miocardio
Pancreatitis Pancreatitis
Obesidad Obesidad
Disfunción hepática (ASH) Disfunción hepática (NASH)
Adicción Habituación

Además, el doctor Mercola comenta en un artículo publicado en septiembre del 2012, que mientras en los últimos años se está ejerciendo cierta precaución para no consumir una cantidad excesiva de bebidas alcohólicas, podría ser el momento para echar un vistazo más de cerca a los mismos efectos potencialmente dañinos asociados con el consumo de bebidas gaseosas, jugos de frutas y otros alimentos endulzados con fructosa.

Para que una sustancia como el alcohol no logre crear ninguna alteración en nuestro cuerpo, la cantidad que deberíamos consumir sería lo equivalente a 5oz de una copa de vino, 12oz de cerveza o 1oz de alcohol fuerte, y según las encuestas realizadas por la secretaria de salud de México en el 2011, lo que más se consume en nuestro país es la cerveza, y generalmente no se consume solo una por ocasión.

Por otra parte, se cree que el vino es una buena opción a elegir dentro de la variedad de bebidas alcohólicas por su alto contenido de resveratrol, pues este último disminuye los niveles del colesterol LDL, mejor conocido como “malo”, y aumenta los del colesterol HDL conocido como “bueno”, además de disminuir la producción de una proteína que juega un papel importante en la aparición de enfermedades cardiacas. Sin embargo, prácticamente la cantidad que nos brinda esta bebida de resveratrol no es realmente significativa, de hecho se puede encontrar una cantidad mayor de resveratrol en diversos alimentos (semillas de uva, moras o moras azules), sin la necesidad de recurrir al daño creado por el alcohol, puesto que además, el vino al tener un alto contenido de azúcar, altera los niveles de insulina.

Si logramos observar, ninguna de las variaciones en las que se presenta el alcohol, tiene cierto beneficio para nuestro cuerpo, cuando el consumo se eleva o se realiza en exceso.

Muchas veces no nos damos cuenta del daño que creamos en nuestro cuerpo con sustancias que consideramos “poco dañinas” para nuestra salud, pero la realidad es que el consumo moderado y limitado es lo que nos lleva a un mejor resultado, no hay que abusar de sustancias o alimentos que sabemos que a largo plazo pueden afectar nuestra calidad de vida, debemos controlar lo que consumimos, tanto en cantidad como en frecuencia.

Marcela Bortoni

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